Hoy me gustaría dejaros una breve historia titulada “Los niños estaban solos” que he tomado prestada del libro “Cuentos para pensar” de Jorge Bucay. La he acortado un poco para que podáis leerla en unos minutos.

“Su madre se había marchado por la mañana temprano y los había dejado al cuidado de Marina, una joven que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos.

Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo, los niños estaban durmiendo como cada tarde y no se despertarían hasta las cinco.tu-puedes

Apenas escuchó la bocina, cogió su bolso y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en su bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podría tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera ¿cómo le explicaría a su madre que el niño no la había encontrado?

Quizá fue un cortocircuito en el televisor encendido o en alguna de las luces de la sala, el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios.

La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.

De todos modos, si lo hubiera conseguido, él y su hermanito de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.

Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono para marcar a su mamá, pero no había línea.

Pancho se dio cuenta de que debía sacar a su hermanito de allí. Intentó abrir la ventana, pero era imposible para sus pequeñitas manos y aunque lo hubiera conseguido aún debía soltar la malla de alambre que sus padres habían puesto como protección.

Cuando los bomberos terminaros de apagar el fuego, el tema de conversación era el mismo: ¿cómo pudo un niño tan pequeño romper el vidrio y el enrejado con un perchero? ¿cómo pudo cargar al bebé en la mochila? ¿cómo pudo caminar por la cornisa con ese peso y bajar por el árbol? ¿cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?…

El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado, dio la respuesta: Panchito estaba solo…No tenía a nadie que le dijera que NO iba a poder”.

¿Con cuántos “no puedo” cargamos? ¿cuántas veces nos lo han dicho o nos lo decimos a nosotros mismos? ¿cuántas veces se lo hemos dicho a las personas a las que queremos y tenemos cerca? ¿qué función cumple ese “no puedo”? ¿de qué nos está protegiendo?