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Esta semana he estado escuchando muchos la nueva canción de Manolo García: ” Es mejor sentir”. El inicio de la canción dice “es mejor sentir que pensar sentir” y la verdad es que me ha dado mucho en que pensar.

Si no habéis escuchado la letra, os la recomiendo ampliamente. A lo largo de la canción Manolo García nos cuenta como tuvo que salir de su zona de confort, como tuvo que revolverse, salir de lo conocido y adentrarse en un mundo nuevo para poder volver a sentir el calor.emociones-congeladas

Y yo me pregunto ¿qué nivel de sufrimiento ha de sentir alguien para que su cuerpo tome la decisión de congelarse? Muchas veces pensamos en situaciones terribles, como en el maltrato físico o el abuso, pero rara vez caemos en violencias sutiles como son los gritos o las etiquetas. Muchos de nosotros hemos tenido que escuchar que no hay que llorar, que hay que ser fuerte, que estamos echando lágrimas de cocodrilo, etc., pues bien, esta también es una manera de aprender que no podemos confiar en nuestras emociones, en nuestro cuerpo. Así que pasamos a aprender qué se supone que debemos sentir o no ante determinadas circunstancias, pasamos a pensar las emociones, no a sentirlas porque nos da miedo que la emoción pueda invadirnos o que el otro deje de querernos por sentirnos así.

Por ejemplo, si alguien nos hace un regalo debemos estar contentos y agradecidos. Nadie te cuenta que si la persona que te hace el regalo no te cae bien, también tienes el derecho a sentir que te pone en un compromiso o que está invadiendo tu intimidad. También aprendemos a que cuando vemos a alguien llorar es por tristeza y debemos consolarlo para que pare. Nadie nos enseña que llorar de alegría es una de las emociones más potentes o que el que llora, muchas veces, solo necesita compañía en su dolor, no que se lo quitemos.

Cada vez hay más personas que confían en la información que sus emociones les otorgan y aprenden a canalizar y gestionar esa información en su beneficio, para ir más acorde con sus valores y sus prioridades. Cada vez hay más padres interesados en cómo poder ayudar a sus hijos a aprender de sus emociones de una manera diferente a cómo les enseñaron sus padres. Y ello me alegra.

Por eso, me gustaría animaros una vez más a sentir, a daros permiso para sentir como sentís, para ser como sois.