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Nuestros amigos de Mente Clara Psicología han compartido esta mañana a través de las redes sociales un video sobre el uso de etiquetas diagnósticas en los niños que nos ha hecho reflexionar.

Se supone que esas etiquetas diagnósticas fueron creadas con el objetivo de aunar conceptos y síntomas, y con ello favorecer una comunicación más fluida y eficaz entre profesionales, ya que así, en teoría todos sabríamos de que estábamos hablando al decir, por ejemplo, que un niño tenía déficit de atención. En teoría también, el uso de este lenguaje común y conjunto de criterios,  contribuiría en los avances científicos y ello se vería revertido en la obtención de beneficios en la calidad de vida de nuestros pequeños consultantes.

etiquetasEn la practica, muchos adultos no son capaces de ver más allá de esas etiquetas, es decir, se pierden todas las cualidades del niño y su parte más humana. Por otro lado, también utilizan las etiquetas para justificar cualquier comportamiento del niño, dejándolo así atado de pies y de manos, sin posibilidad de elegir. El uso que hacemos de estas etiquetas hace que se conviertan en profecías autocumplidas y tatuajes de por vida. Por ejemplo, un niño que se porta “mal” porque todo el reato sus padres y sus profesores le dicen que es “malo”. ¿Qué va hacer el niño? Portarse “mal”, cumplir las expectativas de los adultos significativos que le rodean ¿por qué? Porque así él ha encontrado su identidad, ha encontrado atención y lo que ello conlleva, cariño.

No nos damos cuenta de que cuando le decimos a un niño que es tonto o que tiene déficit atencional, le estamos haciendo un tatuaje para toda la vida que dice que él es diferente y que no puede hacer lo mismo que los demás, que él no puede. En definitiva, las etiquetas limitan, cortan las alas y son impuestas externamente hasta que llegamos a creer en ellas de manera automática y a hacerlas parte de nosotros mismos.

Por otro lado, también hay muchos adultos que usan estas etiquetas buscando una medicación para el problema del niño y de este modo, una solución “mágica”.

Todo este tema me parece más importante incluso cuando los profesionales han de elaborar un informe sobre la situación del niño. Los profesionales no podemos olvidar que ese informe está circunscrito a un momento evolutivo puntual del niño, que el niño es un ser en desarrollo y que el ambiente y su capacidad de aprendizaje son elementos importantísimos a la hora de cambiar el curso de una situación.

Por otro lado, como profesionales, debemos especificar también a que ámbito específico esta dirigido el informe y con que fin, ya que no sabemos quién puede leerlo en un futuro y el uso que puedan hacer de él.

Sinceramente, esto debería hacernos reflexionar desde dónde y cómo tratamos a los niños, cómo trabajamos con ellos, cómo hablamos de ellos y qué implica el uso de esa terminología, ya seamos padres, profesionales, amigos o familiares.