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Todos sabemos que el juego es muy importante en la vida de los niños, principalmente en la naturaleza y con más niños. Pero ¿sabías que gracias al juego el cerebro tiene la oportunidad de crear nuevas redes neuronales? Pues sí, el juego también influye en cómo se moldea y se desarrolla el cerebro, en definitiva, en  cómo crecen los niños y niñas que nos rodean.

El juego es esencial para la vida de los más pequeños (y no tan pequeños) por diferentes motivos:

  • Genera habilidades sociales bien reguladas, es decir, crea relaciones SANAS, igualitarias y recíprocas. Gracias el efecto del juego en el córtex, éste activa su lado más social y lo pone en marcha.
  • Les permite conectar con los demás y con el mundo, estar más en sintonía con ellos mismos y con las personas con las que juegan. Es una oportunidad para crecer y probar diferentes versiones de ellos mismos.
  • Ayuda a entender el mundo que les rodea, incorporar las normas sociales, los diferentes roles, cómo funcionan las cosas, etc.
  • Es una herramienta fundamental a la hora de procesar y “digerir” las situaciones estresantes que viven. De ahí, la necesidad de jugar una y otra vez a lo mismo, o contar una y otra vez cómo se han hecho una herida. Si un niño pierde temporalmente la capacidad de jugar es porque su organismo siente que está en peligro y es necesario buscar ayuda profesional.
  • Proporciona calma al cuerpo y a la mente, sobretodo con juegos de movimiento, como las luchas, las artes marciales o el baile.
  • Potencia el apego, ese “pegamento” que nos une a los demás y que desarrollamos en la relación con nuestros papás. El apego nos permite conectar y gracias a esa conexión se van construyendo diferentes redes neuronales que influyen biológicamente en la capacidad que tenemos de regularnos emocionalmente. Y eso de regularnos emocionalmente ¿qué es? Pues la capacidad que tenemos de si nos encontramos en peligro, poder y saber pedir ayuda, convivir con TODAS nuestras emociones (no sólo con las que consideramos erróneamente como “positivas”).
  • Gracias al apego los niños y los adultos podemos aprender que somos importantes, que tenemos derecho a existir y a vivir en un mundo seguro y agradable. Que merece la pena la VIDA.

 

Por estos y otros motivos es por lo que muchos de nosotros, los psicólogos, les invitamos a los padres a jugar con sus hijos. Por el enorme efecto beneficiosos que tiene en ellos y en la relación padre-hijo. Desde aquí, te invito a reflexionar ¿Cuándo fue la última vez que jugaste con tu hijo? ¿A qué jugasteis? ¿quién lo eligió? ¿Cómo lo pasaste?